Las empresas cambian constantemente. Aparecen nuevas herramientas, nuevos programas informáticos, cambios normativos, procesos más digitalizados y nuevas formas de organizar el trabajo.
En este contexto, contar con profesionales cualificados no es suficiente. También es necesario que las personas puedan actualizar sus conocimientos a lo largo de su trayectoria laboral.
Por eso, la formación dentro de las empresas se ha convertido en una herramienta fundamental para mejorar la competitividad, desarrollar el talento y construir organizaciones más preparadas para afrontar los cambios.
Pero su importancia va más allá de la productividad.
La formación también forma parte del compromiso social de una organización y puede contribuir directamente al cumplimiento de varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Aprender no termina cuando empezamos a trabajar
Durante muchos años se entendía la formación como una etapa previa al empleo.
Primero estudiábamos.
Después trabajábamos.
Actualmente esa separación resulta cada vez menos realista.
Los conocimientos profesionales evolucionan constantemente y muchas competencias pueden quedar desactualizadas en pocos años.
Un trabajador puede necesitar aprender a utilizar un nuevo software.
Un departamento puede modificar completamente sus procedimientos.
Una empresa industrial puede incorporar maquinaria automatizada.
Un equipo administrativo puede comenzar a trabajar con herramientas digitales que antes no existían.
Por eso hablamos cada vez más de formación continua o aprendizaje permanente.
La formación debe acompañar a las personas durante toda su vida profesional.
¿Qué formación pueden necesitar las empresas?
Las necesidades pueden variar enormemente en función del sector, el tamaño de la organización y los cambios que esté experimentando.
Algunas acciones formativas pueden estar relacionadas directamente con el puesto de trabajo:
- Nuevos programas informáticos.
- Maquinaria y equipos.
- Procesos productivos.
- Calidad.
- Atención al cliente.
- Gestión administrativa.
- Ventas.
- Digitalización.
Otras pueden estar relacionadas con el funcionamiento general de la organización:
- Prevención de riesgos laborales.
- Igualdad.
- Protección de datos.
- Comunicación.
- Liderazgo.
- Trabajo en equipo.
- Resolución de conflictos.
- Gestión del tiempo.
- Sostenibilidad.
La clave está en identificar qué conocimientos necesita realmente la plantilla.
Formación y transformación digital
Uno de los grandes retos actuales para las empresas es la digitalización.
Pero digitalizar una organización no consiste simplemente en comprar tecnología.
Una empresa puede incorporar el mejor programa disponible y no obtener resultados si las personas que deben utilizarlo no reciben la formación adecuada.
Lo mismo ocurre con la automatización, la inteligencia artificial, los sistemas de gestión o las nuevas herramientas de comunicación.
La inversión tecnológica debe ir acompañada de una inversión en competencias.
Las personas necesitan entender las herramientas, saber cómo utilizarlas y comprender cómo afectan a su trabajo.
Formación y ODS 4: Educación de calidad
Cuando hablamos del ODS 4, solemos pensar en colegios, institutos o universidades.
Sin embargo, uno de sus principios fundamentales es promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida.
Aquí las empresas pueden desempeñar un papel importante.
Facilitar que los trabajadores actualicen sus conocimientos significa ampliar las oportunidades de aprendizaje más allá de la educación inicial.
La empresa se convierte así también en un espacio donde continuar desarrollando competencias.
Formación y ODS 8: Trabajo decente y crecimiento económico
La relación con el ODS 8 es especialmente directa.
Este objetivo busca promover el crecimiento económico sostenible, el empleo productivo y el trabajo decente.
Una plantilla formada puede adaptarse mejor a los cambios tecnológicos, mejorar los procesos y desarrollar nuevas funciones.
La formación también puede facilitar:
- La promoción interna.
- La adquisición de nuevas responsabilidades.
- La adaptación a nuevos puestos.
- La mejora de la empleabilidad.
- La actualización de competencias profesionales.
De esta forma, el crecimiento de la empresa puede ir acompañado del crecimiento profesional de las personas que trabajan en ella.
Formación y ODS 5: Igualdad de género
La formación también puede contribuir al ODS 5, centrado en la igualdad de género.
No solo a través de cursos específicos sobre igualdad, prevención del acoso o corresponsabilidad.
También garantizando que todas las personas tengan las mismas oportunidades para acceder a acciones formativas, desarrollar nuevas competencias y avanzar profesionalmente.
El acceso equitativo a la formación puede ayudar a evitar desigualdades dentro de las organizaciones.
Formación y sostenibilidad empresarial
Cuando pensamos en sostenibilidad empresarial es frecuente centrarnos exclusivamente en aspectos medioambientales.
Reducir consumos.
Gestionar correctamente los residuos.
Mejorar la eficiencia energética.
Reducir emisiones.
Todo ello es importante.
Pero la sostenibilidad también tiene una dimensión social.
Una empresa sostenible debe pensar en las personas que forman parte de ella.
Su bienestar.
Su desarrollo.
Sus oportunidades profesionales.
Su capacidad para adaptarse a los cambios.
La formación puede convertirse, por tanto, en una de las herramientas más importantes de la sostenibilidad social.
Detectar necesidades antes de formar
No toda formación es útil simplemente por el hecho de realizarse.
Para que una acción formativa genere resultados debe responder a una necesidad concreta.
Antes de diseñar un plan de formación conviene analizar algunas cuestiones:
¿Qué cambios está experimentando la empresa?
¿Qué dificultades aparecen con más frecuencia?
¿Qué competencias necesitan reforzarse?
¿Qué herramientas nuevas se van a introducir?
¿Qué conocimientos necesitan actualizar los equipos?
¿Qué necesidades detectan los propios trabajadores?
Escuchar a las personas que desempeñan diariamente los puestos de trabajo puede aportar información muy valiosa.
La importancia de preguntar a la plantilla
Los trabajadores conocen de primera mano muchos de los problemas y necesidades que aparecen dentro de una organización.
Por eso pueden utilizarse diferentes herramientas para detectar necesidades formativas:
- Encuestas internas.
- Entrevistas.
- Reuniones.
- Evaluaciones.
- Análisis de incidencias.
- Valoraciones de responsables.
- Resultados de calidad.
- Cambios previstos en los procesos.
La formación resulta mucho más efectiva cuando responde a situaciones reales.
Formar también ayuda a retener talento
El desarrollo profesional es uno de los factores que puede influir en la relación entre una persona y su empresa.
Cuando los trabajadores perciben que pueden aprender, mejorar y asumir nuevas responsabilidades, encuentran mayores posibilidades de crecimiento dentro de la propia organización.
La formación permite además detectar capacidades que quizás no se estaban aprovechando.
Una persona puede comenzar realizando determinadas funciones y, después de adquirir nuevos conocimientos, asumir progresivamente otras tareas o responsabilidades.
Así, la formación puede convertirse también en una herramienta para desarrollar y retener talento.
Una cultura de aprendizaje continuo
Las organizaciones más preparadas para el cambio no son necesariamente aquellas que realizan más cursos.
Son aquellas que entienden el aprendizaje como parte de su funcionamiento habitual.
Compartir conocimientos entre compañeros.
Realizar pequeñas actualizaciones.
Formarse cuando aparece una nueva herramienta.
Aprender de los errores.
Actualizar procedimientos.
Promover la colaboración entre departamentos.
Todo ello ayuda a crear una verdadera cultura de aprendizaje.
La formación como inversión
En ocasiones la formación se percibe únicamente como un coste.
Pero puede entenderse también como una inversión.
Una persona mejor preparada puede utilizar mejor las herramientas disponibles, cometer menos errores, comprender mejor los procedimientos y adaptarse con mayor facilidad a los cambios.
Además, el conocimiento permanece dentro de la organización.
Por eso invertir en formación significa también invertir en capacidad de adaptación.
Empresas que crecen junto a sus personas
La tecnología seguirá cambiando.
Los procesos también.
Y probablemente muchos de los puestos de trabajo actuales evolucionarán durante los próximos años.
Las empresas que quieran adaptarse necesitarán actualizar sus herramientas, pero también los conocimientos de quienes las utilizan.
Por eso la formación dentro de las empresas tiene cada vez más importancia.
No se trata únicamente de aprender nuevas tareas.
Se trata de conseguir que las personas puedan seguir creciendo profesionalmente al mismo tiempo que crece la organización.
Y precisamente ahí encontramos una de las conexiones más importantes entre formación, sostenibilidad y Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Una empresa preparada para el futuro no es solamente aquella que incorpora nueva tecnología.
Es aquella que prepara también a sus personas para utilizarla, comprenderla y seguir avanzando con ella.
